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“No tengo confianza en el género humano”

Sabino Méndez (fotografía de Thomas Canet)

Sabino Méndez (fotografía de Thomas Canet)

SABINO MÉNDEZ, ESCRITOR Y COMPOSITOR
Una sombra autónoma y escéptica que siempre caminó al lado de Loquillo. Las prendas que el Rock’N’Roll español debe a Sabino Méndez son impagables. Insospechado, enjuto, apacible hombre, autor de las letras que dieron eternidad a los Trogloditas. Los ojos del barcelonés desprenden la calidez que nunca se presupone a los talentos de su talla. A su pluma le sobra destreza para escribir, no sólo canciones, sino también libros y colaborar de forma eventual en EL PAÍS. Sin duda, la Rock’N’Roll Star de brillo más raro e imperceptible se llama Sabino Méndez.

P. Aparte de componer y escribir, ¿actualmente actúa?
R.
Casi todo mi tiempo lo dedico a escribir. Es lo que más me llena y más me complace. Toco un poco en casa cada semana pero es poco, con lo cual he dejado de estar bastante en forma como ejecutante (una forma que nunca fue nada del otro mundo). Un par de veces al año me pica el gusanillo de subirme a un escenario y, para mi suerte, nunca faltan amigos músicos que me invitan. Sin embargo, me estoy planteando incluso dejar de hacerlo porque generalmente me gusta hacerlo medio de incógnito y como amiguete y, las últimas veces que lo he hecho, le han dado más publicidad de la que desearía.

P. ¿Cómo fueron sus inicios? ¿Eligió el Rock’N’Roll o él le eligió a usted?
R.
Lo elegí yo. Totalmente. Para entenderlo hay que ponerse en el aire de aquella época (1977). Las músicas populares como el rock, el jazz y el pop parecía que iban a ser un lenguaje joven, universal, internacional, que superaría las barreras provincianas de las naciones. A mí me gustaba escribir y los escritores entonces eran señores muy serios que, o bien parecían ricachones desocupados, o bien tipos de clase media embarcados en una carrera de hacer méritos frente a la crítica como funcionarios que opositaran al premio Nobel. Frente a todo ese panorama, y sin ganas de entrar en ese sistema, el Rock’N’Roll permitía dedicarte a hacer el aprendizaje de la escritura dentro de un contexto más joven, más prometedor y más divertido.

P. ¿Cómo se definiría a sí mismo?
R.
Un escritor vocacional, un lector compulsivo, un ácrata apacible.

P. ¿Ha tenido el reconocimiento que merece por su labor como compositor?
R.
Sí. No me quejo. Me siento bien tratado. No deseo homenajes multitudinarios.

P. En su libro Corre rocker describe los 80. ¿Qué extraña de esa época?
R.
Una cosa que era en parte buena y en parte mala: la incertidumbre. Hoy en día, esa época de lucha por las libertades y transición a la democracia se ve como una cosa muy lógica y tanto se dicen tonterías enormes sobre ella, como se cuentan mentiras desorbitadas. Pero lo cierto es que nadie estaba seguro de que todo aquello fuera a salir bien o a torcerse finalmente en el último momento (ahí está el episodio del 23-F). Así que esa incertidumbre provocaba a veces actitudes de una audacia, una sinceridad, una valentía, una amplitud de miras, una libertad y una provocación impensables hoy día. Pensabas que, si finalmente todo pudiera acabar mal en una nueva dictadura, te llevabas por delante al menos todo eso que habías vivido en libertad. Afortunadamente, todo acabo bien. Soy muy consciente de que, de no ser así, hubiera sido muy difícil que hubiera vivido la vida libre que en todos los sentidos (ideológico, laboral, sexual) he podido disfrutar.

P. Escribió Sol, canción que Loquillo canta en Balmoral. Hay un abismo entre esta canción y Autopista, Siempre libre, o El país te necesita, por citar algunas. ¿Se le ha curado el inconformismo?
R.
No. Sigo suscribiendo las letras citadas. Obviamente, no voy a repetirlas porque ya están hechas. Tengo otras que ahondan en esos temas como Bandera y otras como Sol que hablan simplemente de la posición del artista en el mundo. No hay que olvidar, de cualquier manera, que esa canción es la elección de José María Sanz (Loquillo) entre todo el abanico de muchas otras canciones que le presento cuando me ofrece la posibilidad de volver a colaborar juntos.

P. Parece que el Rock’N’Roll siempre ha estado apegado a la irracionalidad, los excesos y una estética de cuero y tupés. ¿En su caso el mito es cierto? ¿Lo fue?
R.
Sí. Y escogido voluntariamente. No creo que el rock sea únicamente representante de la irracionalidad, pero sí que la música es una de las disciplinas que, a través del sonido, más nos ayuda a contactar con nuestra parte emocional, más animal. Fíjese usted como se encogen los perros cuando escuchan un trueno. Pienso que esa parte debe estar siempre sometida a nuestra parte racional porque, al fin y al cabo, es la razón lo que nos salva siempre a los humanos de la muerte por violencia. Ahora bien, al someter a esa parte irracional corremos el peligro de pretender también negar su existencia. Y, en ese sentido, las músicas (y en concreto las músicas muy primarias y efectivas como el pop y el rock) creo que cumplen una saludable función para ponernos en contacto con esa parte y conocernos más a nosotros mismos.

P. Yo para ser feliz quiero un camión fue uno de los primeros éxitos de Loquillo y los Trogloditas. ¿Qué piensa ahora de ella?
R.
Es un chiste divertido, con doble sentido. Sigue sonando muy fresca y muy irónica, casi sarcástica. Le tengo mucho cariño porque es una de las que más dinero me ha dado. Me alquilan muchas veces la melodía para publicidad. Ese dinero me ha permitido estudiar muchas otras cosas que no dan dinero y a las que difícilmente hubiera tenido acceso dado mi origen social. También me ha permitido comprar libros, viajar, disponer de mi tiempo para el estudio y la escritura, etc.

P. Escribió casi todas las canciones que hicieron famoso al grupo. Algunos le ven como el alma de los Trogloditas manifestada a través de la voz de José María. ¿Qué opina?
R.
A mí es que el alma, tomada así literalmente, me parece una superstición enorme. Creo que lo que hicimos José María y yo fue una tarea casi teatral: crear un personaje que representaba muy bien las preocupaciones y anhelos de los jóvenes masculinos de aquella época, lo mismo que hizo Alaska para las chicas y Almodóvar para los gays. Ese personaje, que nunca hay que confundir íntegramente con José María Sanz o conmigo, lo creamos a medias, dándole él la imagen, el empaque, el carisma y una forma de moverse muy concreta, y yo las palabras y los contenidos. Yo contribuía a veces con sugerencias de imagen y José María con alguna letra ocasional, por tanto la colaboración era estrecha y funcionaba en los dos sentidos. Con el tiempo, se comprobó que para asegurarnos la continuidad profesional, a José María no le quedaba más remedio que interpretar ese personaje a tiempo completo. Mientras que yo, al no estar tanto bajo el centro de los focos, podía trabajar en otras cosas fuera del ámbito musical. Por tanto, no es extraño que, a la larga, él acabara deseando tener el control total sobre el personaje. Me parece lógico. Creo que actualmente lo vive tanto como un regalo y, a la vez, como una condena.

“Ese personaje [Loquillo], que nunca hay que confundir
íntegramente con José María Sanz o conmigo,
lo creamos a medias”

P. Loquillo habla con frecuencia de la falta de espacio que hay en Barcelona para otras corrientes estéticas, ¿está de acuerdo con él?
R.
Sí, hasta ahora. Quizá la cosa esté empezando a cambiar. El nacionalismo regionalista que se abatió en las tres últimas décadas sobre la ciudad de Barcelona, dónde nacimos, por la idea rural, provinciana, tradicionalista y purista que tenían los gobiernos autonómicos regionales de la burguesía de la zona sólo permitía una especie de estética jipi, medievalista, de pelo largo, tamborcito y flauta folklórica. Pero las ciudades, a lo largo de toda la historia de la humanidad, nunca han sido eso, sino que han sido electricidad, mezcla, traducción y diversas lenguas y estilos populares en contacto. Nunca purismo. El folklore purista quizá sirva de algo en el campo, pero no en la ciudad que es más ágil, más rápida, más rock, jazz, blues, rap, al fin y al cabo. En la ciudad pasan muchas más cosas, todas a la vez y hay que ser muy rápido para dar cuenta de todas ellas.

P. Barcelona ciudad mostraba un cierto desencanto con la capital catalana, ¿por qué? ¿Este desencanto aún persiste?
R.
Bueno, esa es una letra de José María. Yo sólo le puse música, aunque estaba bastante de acuerdo con ella. Era el momento de la llegada de Pujol con sus banderitas y su folklore y nosotros, que acabábamos de ver el final de una dictadura franquista que también estaba llena de banderitas parecidas y folklore pensábamos: “Oh, no. Más banderas y más himnos nacionales y más rollos telúricos y todas esas estupideces vacías por dentro, que no sirven para nada en la vida cotidiana de los seres humanos y cuya única finalidad es vendernos una moto para que les entreguemos el poder”. Nada de eso. El futuro será internacional y no se lo vamos a regalar a ningún profeta barato que se inventa supuestas identidades colectivas para beneficio propio.

P. Los Trogloditas tuvieron y tienen no pocos seguidores, muchos de ellos jóvenes. No todas las letras del grupo son modelos de conducta. ¿Qué opina?
R.
Bueno, nunca me he puesto a escribir con el objetivo de ser modelo de conducta. Pienso que el arte está para retratar el mundo y llevarnos a la reflexión ética, no para retratarlo más bello de lo que es y engañar a la gente con ilusiones que les darán problemas luego. Existe la pasmosa superstición de que por observar la representación de un crimen en una obra de arte, el público saldrá acto seguido a la calle con la única idea de perpetrar el mismo crimen. La verdad es que la experiencia contradice esa delirante y melindrosa creencia que es la base de toda censura. Me parece injusto suponer que los jóvenes sean tan imbéciles como para seguir esa línea de conducta por el simple hecho de ser jóvenes. La proporción de cretinos en la vejez, ahora que estoy entrando en ella, puedo asegurar que es la misma que en la juventud que yo pude ver. Lo único que ha cambiado es que ahora, al envejecer, los más cretinos son, por fin, algo más prudentes.

P. ¿El mejor y el peor momento de su carrera? ¿Ser una Rock’N’Roll star le impidió ser o hacer otras cosas?
R.
No. Tuve la suerte de dejarlo a tiempo y poder disfrutar de lo mejor de ese tipo de fenómenos modernos a cierta distancia. Al ser vocacional, no pienso nunca en términos de carrera sino de vida. El mejor momento, por tanto, siempre está por llegar (siempre el próximo libro) y los peores uno prefiere no recordarlos para no hacerse mala sangre. Es la mejor manera de disfrutar la vida.

P. ¿En qué estado se encuentra el Rock’N’Roll español ahora mismo?
R.
En un estado parecido al del internacional. Su mitología básica ya está cerrada y debe redimensionarse a lo que la gente espera de una música concreta. Eso significa compartir el espacio con otras músicas. Y, a veces, soportar que se nos llene de horteras que por lo menos sirven para que tengamos en cuenta el enorme vitalismo e inmediatez de esa música.

P. ¿Cuáles son las causas de actual estado de la música en España? ¿Cómo pueden proliferar fenómenos como OT?
R.
Por la misma razón que la gente se compra un sofá de tres mil euros y en la pared lo complementa con un póster enmarcado de ochenta en lugar de moverse por las exposiciones de pintura, ahorrar, y complementarlo con alguna obra de mil euros de un artista novel de su ciudad que les guste. Ese desfase, en el que pocos se paran a pensar, es una lógica industrial que quiere sacarnos todo el jugo económico y productivo y no dejarnos tiempo ni para ir a las salas de arte que molestamos menos si estamos simplemente produciendo y consumiendo. De nosotros mismos depende aceptar ese funcionamiento o ser más exigentes.

P. ¿Un grupo novel que le guste?
R.
Me gustaba Señor Chinarro pero no creo que se le pueda ya considerar novel a estas alturas. Me gustan los Tigerlillies y, pásmense, Miko. En mi ciudad de nacimiento hay un tipo muy interesante que se llama Le Petit Ramon. Canta en castellano, inglés y catalán con incursiones en francés e italiano macarrónico si se tercia. En realidad se llama Ramón Faura y es tan barcelonés como yo. Y en Madrid está Javier Colis y sus canciones eléctricas y raras. A esa clase de locos es a quién me gustaría que perteneciera el futuro, con permiso o sin del señor Obama.

P. ¿Cuál de todas sus canciones dice más para usted? ¿Por qué?
R.
María. Por razones personales.

 P. La Mataré es una canción muy controvertida y hoy en día censurada, ¿en qué se inspiró para escribirla?
R.
Quise retratar un episodio de malos tratos para investigar que emociones hay en la mente de un maltratador. Para mi sorpresa, tuvo mucho éxito (elegida mejor canción del año 1987). Eso habla de sus capacidades expresivas. Posteriormente alguna candidata al puesto de feminista de guardia (una de esas neo-feministas que ha leído poco y no saben lo que es en realidad el feminismo) ha querido ver en ella una apología de los malos tratos. Desde luego, hay gente que no sabe leer. Pero la canción no ha sido nunca censurada, sino que simplemente ha sufrido intentos de censura, afortunadamente inútiles. Ninguna representante de esa parte más iletrada del feminismo (la que gusta de corear eslóganes y hacerse la heroína incomprendida para luego irse a casa y no hacer nada verdaderamente constructivo en favor ni de la cultura ni de las mujeres) ha tenido jamás el valor de enfrentarse conmigo (el propio autor) en un debate para hablar del tema.

P. Las mujeres no siempre salimos bien paradas en sus canciones, por ejemplo Todo el mundo ama a Isabel. ¿Por qué la femme fatal era un tema recurrente?
R.
Je, je…en mis canciones no creo que salgan bien parados ni las mujeres, ni los hombres. La verdad es que no tengo mucha confianza en el género humano: somos entrañables, pero un poco desastres. Somos perezosos, fanfarrones y prejuiciosos, aparte de cobardes frente a lo que no entendemos y crédulos cuando nos conviene para conseguir tranquilidad. Eso vale para ambos sexos. En cualquier caso, si usted lee con atención la letra de Todo el mundo ama a Isabel descubrirá que no habla tanto de la mujer fatal como del curioso efecto que le hace a la biología impresionable de los varones heterosexuales el personaje en cuestión. Eso es lo que me interesa. Para canciones destinadas a una figura tan mastodóntica y arrogante como Loquillo, el tema estaba muy bien porque lo hacía vulnerable y más polifacético. Pero a mí, personalmente, el tema de la mujer fatal no me preocupa especialmente.

P. Si no me equivoco, usted apoya Unión Progreso y Democracia (UPyD), compuso el himno de este partido y también de Ciutadans. Algunos fans se sorprendieron ante estas afinidades. ¿Qué les diría?
R.
Siento corregirle. Yo lo que apoyo es la creación de nuevos partidos que amplíen los matices del arco parlamentario siempre que se presenten con programas sensatos y constructivos. En ese sentido, veo muy bien la creación de UPyD y de Ciutadans, con los que incluso colaboré en las reuniones para su creación. Todo está recogido en mi libro “Historia del hambre y la sed”. Pero no he militado, ni militaré en ninguno de esos proyectos aunque los veo con mucha simpatía y no descarto darles apoyos puntuales. Creo que estos proyectos sirven para evitar que los partidos tradicionales se oxiden y obligarles a estar más pendientes de la realidad de la calle, algo muy importante en este momento en que los políticos tienden a creerse la nueva clase social aristocrática.

P. Nuevas formas de luchar contra el sistema, ¿no?
R.
Me interesa eso más que las simples manifestaciones inútiles de pancartita, eslogan y piedra. O el de firmar manifiestos y hacerse el progre mientras se sobrevive pillando becas del sistema. No estaría mal para los jóvenes aprender a meterse en esos mundos de la política hasta cierto punto y aprender sus sistemas para dar sustos a los políticos profesionales de vez en cuando. Ahora puede hacerse y es un gran revulsivo para el apoltronamiento de los políticos oficiales. Yo se lo recomiendo, se aprende mucho, se trabaja en cuestiones organizativas reales, muy tangibles, que enseñan mucho sobre las relaciones humanas, se divierte uno hasta cierto punto y, luego, puede uno volverse a los libros o a lo que quiera, pero ya no vuelve a ser nunca tan manipulable por la propaganda institucional o alternativa. Eso se acerca mucho a la idea que yo tengo de lo cívico. Hacernos lo más directamente responsables de nuestras vidas dentro de lo posible. Veo con mucha simpatía al votante independiente. Ese que no se casa con nadie, que no cree en un partido como quién cree en una religión y que dará o retirará su voto según el trabajo, la sensatez o la estupidez de cada propuesta. El día en que empecemos a definirnos no como de izquierdas o derechas sino como independientes frente a cada proyecto concreto habremos dado un gran salto en la madurez política y civilización definitiva de este país que tiene una historia democrática y una práctica del debate aún muy joven todavía.

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“La enfermedad más extendida es la estupidez”

COLUMNISTA Y TRAUMATÓLOGO

Fernando Sáez Aldana (la rioja.com)

Fernando Sáez Aldana (la rioja.com)

Jarrero no por fabricar jarras, sino por ser oriundo de la localidad riojana de Haro, Fernando Sáez Aldana ha dedicado más de la mitad de su vida a la medicina. A sus 56 años ejerce como traumatólogo y es colaborador de Punto Radio y del diario LA RIOJA. Los martes participa en una tertulia radiofónica y los jueves ya tiene a punto El bisturí, su columna semanal. Entre tanto escribe novelas, relatos breves y algún poemario, vocación que cultiva desde su juventud. Ha recibido más de una docena de galardones, entre ellos el Accésit Antonio Machado, el Tiflos y el Juan de la Cuesta. En 2003 se estrenó con el género de la novela y Kundry se convirtió en finalista de los premios Río Manzanares. Con estilo muy pulido y fenomenal manejo de la ironía, permanecer indiferente es una tarea casi imposible para el lector. Sus saberes médicos no le han impedido librarse de una enfermedad, la melomanía, que tiene el piano como único placebo.

P. Es médico de profesión, pero también escribe, ¿cómo surgió esta afición?
R.
Pues en realidad surgió antes que la medicina, porque me ha gustado siempre. Escribía desde chaval cosas, ya sabes un poco para ti. No fue, hasta bastantes años de ejercicio profesional como médico, cuando me animé a escribir. Me presenté a un concurso y tuve la suerte de ser seleccionado. Me atreví a escribir alguna novela y un poemario.

P. ¿Más médico o escritor?
R.
Bueno, uno es médico de formación y escritor de vocación. Creo que, realmente, lo innato es mí es la escritura. Lo otro al fin y al cabo, fue un oficio un poco por influencia familiar (mi padre era médico). Me considero [escritor y médico] a partes iguales. Difícil de compaginar, pero bueno. Tengo claro, que cuando me jubile como médico seguiré escribiendo hasta el final.

P. También colabora en la radio.
R.
Sí. Bueno, en la redacción de LA RIOJA desde hace cuatro años o por ahí, se decidió reforzar la sección de opinión del periódico y ficharon a escritores locales. Entre ellos se fijaron en mí y acepté. Desde entonces escribo una columna todos los jueves en el diario. Y a raíz de eso, Punto Radio, una emisora que pertenece al grupo Vocento como el diario, me ofreció también participar en la tertulia radiofónica. Y ahí estamos, procurando asistir todos los martes que puedo porque es a las siete de la tarde.

P. ¿Desarrolla alguna otra actividad?
R.
Pues para que veas. Mi pasión no es ni la escritura, ni la medicina, sino la música. Esa es mi verdadera pasión. Soy melómano y pianista. Tengo un piano en casa.

P. ¿Qué se plantea antes de escribir su columna de los jueves?
R.
Muchas veces surgen como reacción o respuesta a un hecho que sucede, que te llama la atención. Pueden ser hechos oficiales o hechos más cotidianos; como observador de lo que te rodea en tu casa, en tu barrio, en tu ciudad, en tu país, en tu mundo. Pero otras veces surgen como un ejercicio, como una reflexión en voz alta de ideas o sentimientos íntimos. La influencia interior y externa se reparten a partes iguales en las doscientas y muchas columnas que van escritas.    

P. En el género de la columna ¿debe primar opinión, o literatura y forma?
R.
Para mí la columna es un género literario, menor si se quiere (lo cual no significa que sea fácil). Es menor, desde luego por extensión. Pero no es fácil redondear un texto, pongamos de veintitantas líneas, que tenga sentido, que esté decentemente escrito y que además exprese algo pueda interesar a quien lo lea. Entiendo que la columna, si se accede a ella como periodista, es más bien opinión sobre acontecimientos e información. Aunque también hay veces que [el columnista, en referencia sí mismo] hace la opinión de una manera casi, de periodista que No eres. Pero sí como ciudadano, que opina y que tiene el privilegio de que su opinión es publicada. Yo lo planteo más como un ejercicio literario. Lo que más me gusta de la columna es la absoluta libertad de expresión, que puedas decir lo que te parezca, sin otros límites que el código penal. La libertad de expresión en cuanto al estilo…La columna la puedes plantear como un relato, un mircrorrelato, como un diccionario…como un ¡yo que sé!

P. ¿Existe algún tema tabú?
R.
Temas tabúes no. Pero desde luego, ha habido un par de veces en que hubo cierta, digamos, desavenencia entre la sección de opinión del periódico y lo que uno escribe. Se me ha explicado en alguna ocasión que no se debe expresar opiniones que sean contrarias a la línea editorial del periódico. Es algo muy discutible ¿no? Porque uno no es periodista, ni pertenece a la plantilla del diario, ni está sometido al estilo del diario. Creo que la libertad debe ser absoluta. Pero sí que ha habido alguna vez a raíz algún tema muy polémico, quizás demasiado duro de decir. Ha ocurrido en dos ocasiones de doscientas cincuenta, de manera que se puede considerar anecdótico.

P. ¿Sobre qué temas le vetaron?
R.
La palabra no es “vetar”, porque tampoco fue un veto o una censura, fue una invitación a reflexionar sobre lo dicho. Concretamente una [columna] que salió, digamos suavizada, hacía referencia a…-espera que hay un pájaro aquí que no deja de cantar, interrumpe Sáez su respuesta-. Se planteó la posibilidad de echar mano de la tortura para sonsacar confesiones a criminales que con su silencio o con su engaño estaban haciendo muchísimo daño. Me estaba refiriendo concretamente a los secuestradores y asesinos de Marta del Castillo de Sevilla, que andaban engañando a todo el mundo diciendo “que si la hemos tirado al río, que si la hemos enterrado en un vertedero…”. Y allá te va un ejército [los efectivos desplegados en la búsqueda]. Aparte de los muchos recursos que consumen, era una tortura para la familia que no tenía el consuelo de poder enterrarla. A nadie nos gustaría echar mano de eso, pero igual simplemente como amenaza, como disuasión a esta gente. Tampoco era una columna muy explícita, ni bruta. Pero se consideró que eso traspasaba una línea que no se podía traspasar. Y bueno la manera de colar aquello fue decir: “Sabemos que hay mucha gente que lo piensa, dan ganas de…pero esto en un estado de derecho no se puede hacer”.

“No fue censura, fue una invitación a reflexionar” 

El otro tema trataba de los anuncios pornográficos de la prensa. Todos los diarios tienen una sección de anuncios pornográficos demasiado explícitos. Lamentablemente la venta de anuncios es una fuente de ingresos muy importante para todos los medios. Y parece ser que prescindir de esos anuncios pues supondría un quebranto económico. Es así de lamentable. Me parece que en una publicación especializada está bien, es un mercado que existe y ¡qué le vamos a hacer! Pero en el diario el diario familiar, que está encima de la mesa, que lo coge cualquiera, los niños, el abuelo, quien sea…De repente abrir y encontrarte con semejantes ofrecimientos, tan explícitos y tan obscenos…[El texto de esa columna] era en plan jocoso, haciendo una parodia, no era ninguna diatriba.

P. ¿Y qué sucedió?
R.
Pues lo mismo. Como comprenderás, estoy muy agradecido al diario LA RIOJA. Me siento un verdadero privilegiado por poder expresar mi opinión todos los jueves. Lo último que haría sería expresar una opinión innecesaria que les podría [expresa el traumatólogo en el condicional que tan a menudo sustituye al tiempo subjuntivo entre los riojanos] perjudicar como medio. Lo quitamos y ya está, que hay otras columnas. Estos han sido los dos casos. Pero no ha habido ni veto, ni censura. La redacción del diario me dijo “si quieres te lo publico, pero que sepas esto es un poco excesivo” y va en contra del medio. Y ahí se quedó la cosa.

P. ¿Una cosa buena y una mala de “LA RIOJA”?
R.
Una cosa buena: todos somos ciudadanos del mundo y todo es muy bonito [con ironía] y todos somos europeos, pero al final eres de tu pueblo, de tu tierra y de tu región. LA RIOJA es un diario que lee todo el mundo en La Rioja. No quiere decir que todo el mundo la compre, ya le gustaría a la empresa [dice entre risas]. Pero está en todas partes, en todos los centros de trabajo, en los bares, en muchas casas…Mi mundo para mí es La Rioja y así tengo la oportunidad de llegar a todo el mundo.

Lo malo, no lo digo yo, lo dijo un día el propio director del medio. Muy amablemente, se prestó José Luis Prusén a prologarme un libro que sacamos, El bisturí, una selección de las columnas que yo había escrito. Él mismo reconocía que con lo que nos pagaban a los columnistas no llegaba ni para el café. Pero bueno, como te puedes imaginar eso no se hace por dinero, ni muchísimo menos. Cuando me ofrecieron escribir la columna me dijeron que me iban a pagar muy poco. Sinceramente te digo que la escribiría gratis. Uno se considera suficientemente pagado como ciudadano con que todas tus ocurrencias te las publique el diario de máxima difusión de tu región.

P. Ha recibido premios como el Grano de Café al Mejor Autor Riojano o el Accésit Premio Antonio Machado, ¿de cuál se siente más orgulloso?
R.
No te sabría decir. Tuve un premio que entonces era importante, el “Tiflos” de cuento, por un libro de relatos breves. Éste es del que más orgulloso debería sentirme, porque es su tiempo era el premio económicamente mejor dotado en España, en ese tipo de género. Pero quizá, el libro del que más orgulloso estoy es de El Decathlon riojano, que está agotado. Una ácida referencia a supuestos deportes riojanos (malas costumbres). Se subtitulaba Una expansión sobre el lado oscuro de la riojanidad. Deportes entre comillas como el salto de semáforo, el lanzamiento del gargajo [un gargajo es un escupitajo nos aclara], decir tacos…Son pequeños capítulos y un epílogo, lo escribí en doce días seguidos. Volvía de trabajar y por la tarde me salía de un tirón. Aunque apenas ha salido de La Rioja, fue el que más éxito tuvo. Fue una cosa que como lo de Juan Palomo, yo me lo guisé, yo me lo comí, yo lo escribí, yo lo edité, yo lo publiqué, yo lo vendí y se vendió todo.

P. El día de libro presentó Hasta los huesos (y algo más), ¿de qué trata el libro?
R.
Hasta los huesos es un relato pseudoautobiográfico. Es un traumatólogo que ya está a punto de jubilarse y tiene sesenta y cuatro años. Está un poco aborrecido de su trabajo y se le ocurre escribir una especie de libelo contra su propia profesión. De manera que, a quien lo lea, se le quitan las ganas de ser traumatólogo para toda su vida.

P. Pero usted es traumatólogo.
R.
Sí. Es el planteamiento humorístico de un hombre que repudia su profesión, a la que ha dedicado toda su vida. Este libro lo escribí a los treinta y tantos años. Ha sido la tercera edición. Cualquiera lo puede disfrutar, pero un traumatólogo más que nadie. Cuenta las miserias de nuestra profesión, que las tiene como todas. Todo en clave de humor y diciendo verdades como puños también. Pero, aderezadas con ese humor que las hace digeribles. De eso trata, de que el médico acaba de su trabajo hasta los huesos, por no decir otra cosa.

P. ¿Columnistas y escritores preferidos?
R.
Ha habido dos columnistas que me han gustado muchísimo. Yo soy anti taurino, militante. Pero había un señor que escribía en EL PAÍS unas crónicas, que se llamaba Joaquín Vidal, ya murió. Era un primor de cómo escribía. Manuel Vicenç, que escribía una columna poética, que son las más difíciles, etc. Y escritores, soy amante de lo clásico. Con todo lo bueno que hay en la literatura clásica…No soy consumidor de literatura [basura sugiero yo] betseller [adjetiva Sáez Aldana, más diplomático]. Yo no he leído La Catedral del Mar, Soldados de Salamina…Y seguro que son buenos, pero yo disfruto mucho leyendo a Marco Aurelio…Mis escritores seguramente son los pensadores, los escritores filósofos. Me gusta mucho leer a Schopenhauer, Baltasar Garcián, Quevedo…Creo que el humor de mis obras ha visto algo de Quevedo, es uno de mis ídolos. La literatura clásica es un tesoro que deberíamos explotar antes de consumir esta “literaturilla” que hay ahora de un día para otro. El Premio Planeta, ¿no?

P. ¿Y usted qué opina de este tipo de premios?
R.
Hay dos clases de premios literarios: los que buscan autores y los que buscan lectores. Los primeros son tipo Planeta. Yo me presenté una vez, cometí ese error [se ríe de sí mismo el traumatólogo]. Pobre de mí, tuve la osadía de mandar una novela como otros quinientos colegas. Te dejas la piel es escribir algo ahí, solamente para que puedan decir que se han presentado quinientos y pico y que entre ellos ha ganado el que ya se sabía. Son premios que lo que buscan es vender libros. Yo he tenido la suerte de ganar algún premio literario, de éstos que realmente tienen sentido, que sirven para descubrir gente novel. Cuando gané el Juan de la Cuesta, el Machado, el Tiflos…era absolutamente desconocido. Son los premios que realmente tienen una autoridad. A mí me han incentivado. El escritor que está empezando piensa “algo habrá aquí cuando me lo han premiado, vamos a seguir”. Pero darle el premio a Camilo José Cela o estos grandes dinosaurios de la literatura…Lo que buscan simplemente es negocio, vender muchos libros y asegurarse de que el escritor fulanito puede vender trescientos mil ejemplares, aunque sea un tocho intragable.

P. Se comenta que Logroño es una de las ciudades con más centros de salud, ¿opina que los logroñeses los visitan con excesiva frecuencia?
R.
Sí. ¿Tú no has oído decir que La Rioja es comunidad muy hospitalaria y que los riojanos somos muy hospitalarios? Es porque vamos todos los años todos al hospital, no es por otra cosa [se ríe de nuevo]. Es impresionante. He ocupado puestos de responsabilidad en la sanidad riojana, te puedo asegurar que la frecuentación de los servicios sanatorios por parte de la población es una pasada. Los riojanos pasan todos los años por el médico no sé cuántas veces. Por el especialista, por urgencias una vez al mes…A raíz del proceso de medicalización de la sociedad, estamos convirtiendo la enfermedad en todo. Estamos en una dinámica de hedonismo en que no se tolera la menor dolencia. Hay muchísima demanda por causas banales que luego entorpecen todo el sistema y dificultan la asistencia a quien lo necesita. Hay mucho abuso, por la accesibilidad y la gratuidad. Y está muy bien, otros cuantos países quisieran nuestro sistema público de salud. Pero hay que usarlo con racionalidad, con un poco de cabeza y no colapsar todo lo que se abre y más. 

P. Como médico y colaborador de La Rioja ha sido testigo aventajado de la gripe A, ¿qué opina del tratamiento que los medios de comunicación le han dispensado?
R.
Entiendo que la amenaza de una epidemia o una pandemia es un noticia golosa, pero se tiende a exagerar y alarmar innecesariamente a la gente. Lo hemos vivido con las vacas locas, la gripe aviar, la porcina…La incidencia de estas enfermedades en la salud o mortalidad es muy baja comparada con otras que pasan desapercibidas en los medios. Son las autoridades sanitarias las primeras que encienden todas las voces de alarma. Los medios las recogen, no se las inventan. Pero es injustificablemente desproporcionada. “Dos casos de gripe aviar en Brasil” y a cinco columnas en el diario LA RIOJA. ¿Y eso qué importa aquí? Un poco sensacionalista. Es irresponsablemente alarmista.

P. Si tuviéramos que preocuparnos por alguna enfermedad, por poner un poco de mesura, ¿cuál sería?
R.
Creo que la enfermedad más extendida es la estupidez. Es una auténtica enfermedad social, individual, colectiva. En general hay comportamientos absurdos e irracionales. Porque las otras, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, los accidentes de tráfico, son las que más mortalidad causan, pero es muy difícil acabar con ellas. En cambio este comportamiento absurdo, el comportamiento poco inteligente, que en eso cosiste la estupidez humana, acarrea consecuencias devastadoras para la sociedad que, al fin y al cabo, podemos controlar con educación.


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